Lunes 11: los encantos de Viena
Lo más normal cuando sale un rayo de sol en el otoño vienés es poner el aire acondicionado porque claro, hace un calor insoportable y la gente se asa mientras desayuna, excepto los mochileros que se tienen que cambiar de sitio para desayunar porque s mueren de frío. Los arenques y las sardinas siguen en su sitio, así como las albóndigas y el típico desayuno vienés. Pues el ritual de vestirse, me pongo el pijama debajo porque no he visto un chino para comprarme unos gayumbos largos y a la calle otra vez.
Hoy vamos a hacer el camino inverso de vuelta del sábado. Pasamos delante del Zum Leopold, unas tiendecitas y a perderse. El primer objetivo es el barrio judío con el monumento al holocausto Digno de ver y digno de recorrer. Calles pequeñas llenas e encanto que desembocan en Am Hof donde están preparando otro mercadillo navideño. Volvemos a la calle Gasse y delante de la Stephenplatz podemos bailar un vals mientras reparten bombones. Nadie grita, ni un bombón en el suelo y todo el mundo espera su turno pacientemente... Como en España.
Ahora vamos a la casa natal de Mozart que está detrás de San Stephans pero si no vas, no pasa nada porque es una cosa de lo más normal por fuera. Seguro que el museo ofrece mucho más pero por fuera, nada de nada. Y con esas, otro mercadillo navideño en preparación y otra vez a Stephenplatz para ir a Neuer Markt, una de las plazas con más vida del viejo Viena. Pero, mierda! está de obras así que nos perdemos su encanto y nos sirve de excusa apra volver. Desde aquí, entras en la zona de los jardines, plazas y palacios: Heldenplatz, Burggarten, la Josefsplatz, Neuerburg y los edificios más famosos y bonitos de Viena, que desembocan en la Ópera. Estatuas a caballo, las que quieras. La parte más turística y auténtica de Viena. Por cierto, ha salido un rayo de sol... Se ven los primeros hombros y cachas descubiertas.
Bien, el siguiente punto del recorrido es el Prater Vienés, el famoso parque. Lo primero que se ve al llegar es la noria, réplica del London Eye pero con vagones de tranvía. Pero vamos, no nos vamos a calentar, es un parque de atracciones sin gente, como Seseña. Parecemos fantasmas. Y sí, dicen que es enorme pero no lo parece. Nos ponemos a andar en dirección al Danubio pero parece que la barriada no ofrece nada, no hay sitios para comer y el Danubio no aparece: luego veremos que no se puede llegar porque hay una carretera enorme así que nos paramos en un restaurante de comida rápida a tomar algo y descansar y otra vez al Prater. La intención es llegar al estadio pero el GPS nos dice que si estamos gilipollas, que hay un paseo largo para llegar al estadio y nos volver al Viena Eye para ir al metro a ver si aparece el Donau. Según google, patrón de los mochileros, el mejor sitio para ver el Danubio es Schwedenplatz así que metro otra vez y nos vamos allá. Por cierto, el metro cuesta 2.40 por trayecto y se sacan en máquinas expendedoras que te lo pueden dar validado para uso inmediato o no, para usarlo más tarde.
El Danubio no es azul y menos éste que es un canal así que desilusionados por no ser un río azul, nos metemos de nuevo en el cogollito central para tomar algo. Viena es muy bonita pero no es una ciudad enorme aunque casi llega a los dos millones de habitantes, así que a poco que recorres vuelves siempre a un punto conocido. Y eso es lo que nos está pasando ahora, que estamos a 5 minutos de Stephenplatz y a 10 del hotel así que es el momento ideal para encontrar un café, que aquí bares no existen. También hay varias galerías por la ciudad y en una de ellas encontramos un sitio para descansar y tomar un vino blanco. Pero como si es tinto: aunque mejor. Que no te vendan la moto, el vino austriaco no vale anda. La birra, un poco mejor. el vino, caca. Al fin al hotel a descansar un poco, preparar lo de mañana, escribir y buscar un sitio para cenar.
Hemos ido al Melker Stiftskeller: todo muy rico, el codillo crujiente cojonudo, cerveza sabrosa, chupito sabroso, yo más gordo y 67 pavos menos. Bratislava, te echo de menos: 30 pavos el taxi, si está tirao.
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