Martes 12: he visto una linda Nutria en Melk
Último desayuno de arenques y sardinas en Viena porque hoy nos ponemos en ruta. Recogemos todo, cerramos la 322 y hacemos el check-out. Vamos a la Plaza Votiva porque en el parking está la oficina de AVIS donde hemos de recoger el coche. Nos recibe una chica croata muy amable que nos da un Renault clio, negro, manual y con GPS. Más que suficiente. Está en la plaza 12. Y ya sentados, asientos y espejos regulados y con el depósito lleno, ponemos rumbo a Krems.
Por cierto, que no se nos pase devolverlos a las 10:30 de la mañana porque nos cobran un día más y con los precios que gastan por aquí... no quiero ni pensarlo. Salimos del parking, des-pa-ci-to... Paralelos al Danubio, lo cruzamos y sin más contratiempos salimos de Viena dirección a Krems.
Para ir por las autopistas de peaje, los austríacos tienen la "vignette" que es como nuestro "telepago" de peajes pero la croata nos ha dicho que nosotros lo llevamos gratis. Algo gratis aquí, que raro.
Bien, ya en Krems: aparcamos en un centro comercial al lado de la calle principal, Obere Landstrasse. De aquí a la izquierda a una tienda de artículos de Navidad previa a las plazas del pueblo. Para llegar a la de más arriba, Franenberplatz, hay que subir por un camino de escaleras de madera techado. De esta plaza, a la otra con una estatua rodeada de 3 árboles y vuelta a la calle principal para volver al principio, a Sud Tiroler Platz.
Cogemos el coche y a salir, vamos a la derecha a otro pueblo, Stein, que está a un kilómetro. De cuento. Con casas de colores y a orillas del Danubio, lo que le da un encanto especial. No aparece en las guías de viaje así que está en su estado natural, sin colapsar por los guiris.
Volvemos al Clio y seguimos el Donau durante 37 kilómetros entre valles, viñedos y castillos. El camino no puede ser más bonito e incluso la niebla y la lluvia le dan un aspecto medieval y melancólico que llena de encanto el trayecto.
Y a lo lejos, ya se ve la majestuosa Abadía de Melk. Está es lo alto del valle y a sus pies, la ciudad medieval de Melk Nos alojamos en el Hotel Stadt Melk: pequeño pero acogedor. El recepcionista, uy amable, nos da la habitación 4, la más grande del hotel, según dice. No quiero ver la más pequeña. De todos modos, para descansar es más que suficiente.
En la Hauptplatz está el Sdraule Josef Schnan Kerfleischer, que viene a ser como una carnicería en la que puedes comer lo que venden. Un acierto: Soni pide el clásico filete empanao y yo un plato típico cojonudo de cuyo nombre no quiero acordarme. Tardaré horas en hacer la digestión: para ayudar, un chupito del licor de albaricoque de la zona. El vino, blanco, se deja beber.
Comidos, subimos por la Slecngasse para ver los puntos del plano que nos dio el edl hotel: una casa con una vid de cientos de años, las murallas y al final, en una especie de telescopio con el que se puede ver la otrora puerta de salida hacia Viena. Vuelta atrás que nos salimos y bajamos hasta la plaza del ayuntamiento, con sus cafés y estatuas y bajamos por Hauptstrasse hasta el hotel de nuevo para cruzarlo y llegar hasta el río Melk.
¡Una nutria! Venía nadando tan tranquila por el río en dirección al Danubio. Qué chula y que gorda está: parece que las aguas están muy limpias y sanas por esta zona. Cruzamos el puente, vemos partir a la nutria y llegamos a una islita con una carpa para conciertos y un camino que lleva al Danubio. Mañana lo haremos.
Tras descansar, un paseito y a cenar una cremita y una ensalada de filetes empanaos que no los hemos probado todavía mi dietista me va a matar


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